Luz
Ella gimió… pero era un tipo diferente de gemido, no era placer, no era amor… no era aquello que la había traído hasta este momento. Ella frotó su vientre redondeado y en silencio elevó una pequeña plegaria al cielo, para que su niño este bien. Nuevamente gimió… todo era tan irrelevante ahora, algo trascendental estaba a punto de acontecer en su vida, a pesar de que solo ella y unos cuantos más lo sabrían e iban a ser feliz con ello.
Su vientre duro se tensó aún más y sus pulmones cansados y trabajando a su máximo nivel, trataron de retener con pequeñas respiraciones, la mayor cantidad posible de oxigeno. Aún lográndolo dolorosamente parecía un trabajo tan duro.
El doctor le pidió, casi como una orden, que respirara con pequeñas exhalaciones, ella lo miró incrédula y retuvo las palabras en su boca para comenzar a obedecer… él tenía razón, si ella lograba concentrarse y respirar de la manera que le había dicho, el dolor disminuía.
Pero a pesar de eso… aún dolía. DOLÍA LA VIDA AL QUERER NACER
Algo parecía desgarrar su vientre y se sentía partirse en dos, una ruptura que la recorrió desde la punta de sus pies hasta su coronilla, un dolor que los traspasó...
Y gritó… gritó con Furia y pesar, gritó con la expectativa a flor de piel.
A pesar de que alguien sostenía su mano, trazando círculos sobre su piel con el deseo de calmar, a pesar de que respiraba y había oído al doctor… ella gritaba.
Era tan desesperante! Porque ella deseaba pujar, estaba poniendo todo de sí para lograrlo.
En el medio de la sala, que olía a antiseptico y alcohol, una voz se escuchó.
_Puja!_ ese grito demandante, resonó en sus oídos, fue el pequeño motor que le dio energías para acatar la orden, su mismo cuerpo lo hacía casi involuntariamente… ella debía hacerlo.
Reunió todas las fuerzas necesarias y ahogó un grito mientras se doblaba en si misma y empujaba con todas sus fuerzas a esa vida por nacer.
En un instante efímero e infinito, todo su mundo desapareció. Para dar lugar a uno mejor
Un pequeño llanto la hizo jadear y abrir los ojos, que aún empañados y nublados por su sudor, pudieron enfocarse en ese ser diminuto que lloraba por primera vez. El ser que tatto deseó. En manos enguantadas de blanco, esa parte de ella se removía asustada en un llanto estridente, y ella jadeó un llanto aliviado…
Al fin entendió que la vida no era tan mala después de todo.
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Dedicado a mi hermana, que me hizo recordar lo hermoso que es ese instante...
